LA ALQUIMIA DE LOS DÍAS [A modo de prólogo]La weblog [que hojeas] comenzó a gestarse una noche fría de invierno cuando contemplaba las estrellas esparcidas [aparentemente, al azar] por un cielo profundo y limpio: millones de miles de millones de estrellas imperturbables a los fines de los hombres en este diminuto planeta [que no es sólo nuestro y que además conoce su destino. El cuándo le alcance depende de la medida de nuestra Estupidez, de nuestra Codicia, de nuestra Soberbia, de la medida de nuestro Ego]. El Hombre camina [como puede] bajo esas estrellas porque no sólo le espolea el hambre o la sed [esas nobles necesidades], sino también porque hay sed y hambre de verdad y conocimiento [de sí mismo, de los otros, de lo cognoscible y de lo que no lo es.] La curiosidad es indispensable para sobrevivir. Es caminante, peregrino, viajero y lo es tras una estela inasible y abandonando sutiles huellas [o versos, tal vez, inútiles] por doquier que el mar del tiempo se llevará a no sé dónde ni cuándo [como estas mismas palabras que ahora y aquí escribo: un mensaje en una botella.] Es la alquimia de los días, al crepúsculo, el oro de Ulises. Los días pasan y segregan, depuran al menos dos versos mal rimados: del plomo de la realidad vivida, de las horas de cinc, de las visiones de azufre de la vigilia, del lapislázuli del sueño. Se subliman en oro converso, en gotas contables, en uno, dos o cuatro versos significantes de lo insignificante, de las cosas pequeñas que son, que nos pasan. Se transmutan en materia poética: en conjunción, las palabras y los días... Invierno, 2005.
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miércoles, noviembre 02, 2005
LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS
"Puede que la vanidad de más de uno quede afectada. Pero la física sabe hoy, en efecto, que la materia, incluidos nosotros mismos, está compuesta en un 999 por mil de puro vacío. Verdaderamente, no somos nada." Manuel Toharia, Hijos de las estrellas.
"... no siempre una derrota es un fracaso ..." Félix de Azúa, Mansura.
"... lo sabemos bien: los mejores de entre nosotros no regresaron." Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido.
Si cumplieras los cuarenta no olvides la gesta de Leónidas en aquel desfiladero de pesadumbre y muerte... entonces la Historia sólo era una gota en el océano, ahora es incluso menos que nada.
En las Termópilas sobrevolaba el fracaso, eran sombras negras y arqueros en la otra mitad del cielo. Les superaban infinitamente en número las tropas de Jerjes, los tontos y la maledicencia, las ratas que echaban espumarajos por la boca en la refriega, los que perdían el culo tras la gloria y dos o tres mil dólares, o un puesto directivo para adornar el último estante, la fachada del edificio o la vaciedad del salón [oh, sí] exquisitamente decorado de escoria snob [y aparentar que no es sólo mísero sílice y polvo]. Los que adoraban la máquina de picar carne humana de la marca F. A. von Hayek y su legión y coro genuflexo de pijosliberales s.a. [oh, sí] muy devotos y cristianos, los putos mercachifles y corporaciones neoalgo que cazan a punta de pistola impunemente los últimos elefantes en sus safaris privados, [Humanidad, Justicia Social, Derechos Humanos, Democracia de la verosímil, que no la del teatro de títeres y lengua de trapo escindida y vidriosa...]
Ni qué decir tiene, Leónidas y los suyos comprendieron sin esperanza esa estampa del mundo, y en sus hígados la tatuaban para no olvidarse. Aceptaban su destino después de lanzar al aire esos dados libres e indómitos. Sin embargo, no se rinden. Entonan el canto del humilde en la parrilla ardiente. Pertrechan las doscientas trirremes y Leónidas, el santo perdedor, el rey de los trescientos mendigos, iza el pendón de la derrota en lo más alto de la capitana. Oh, nunca se enorgulleció más de ser el último de la fila. Avanzan y saben: los guerreros guardan el alma en cofres sellados antes de caer. Saben que el último tramo es siempre el más arduo e interminable en los límites hacia los otros cuarenta y tantos o, claro es, quién puede saberlo. Yendo a contracorriente, es el viento limpísimo de la montaña su mejor y entrañable amigo y aliado. El resto, qué importa, ¿quién no sabe el final de la Historia? ¿No es acaso predecible? El grito es digno, es la verdad en su desnuda existencia. ¿No haré más preguntas al testigo? Visto para sentencia. Se levanta la sesión. La lucha continúa...
Enlázalo, si quieres... Escrito por Daniel Espín @ A las 21:01horas... Versos Cotidianos. Diario Poético De Un Caminante.
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