LA ALQUIMIA DE LOS DÍAS [A modo de prólogo]La weblog [que hojeas] comenzó a gestarse una noche fría de invierno cuando contemplaba las estrellas esparcidas [aparentemente, al azar] por un cielo profundo y limpio: millones de miles de millones de estrellas imperturbables a los fines de los hombres en este diminuto planeta [que no es sólo nuestro y que además conoce su destino. El cuándo le alcance depende de la medida de nuestra Estupidez, de nuestra Codicia, de nuestra Soberbia, de la medida de nuestro Ego]. El Hombre camina [como puede] bajo esas estrellas porque no sólo le espolea el hambre o la sed [esas nobles necesidades], sino también porque hay sed y hambre de verdad y conocimiento [de sí mismo, de los otros, de lo cognoscible y de lo que no lo es.] La curiosidad es indispensable para sobrevivir. Es caminante, peregrino, viajero y lo es tras una estela inasible y abandonando sutiles huellas [o versos, tal vez, inútiles] por doquier que el mar del tiempo se llevará a no sé dónde ni cuándo [como estas mismas palabras que ahora y aquí escribo: un mensaje en una botella.] Es la alquimia de los días, al crepúsculo, el oro de Ulises. Los días pasan y segregan, depuran al menos dos versos mal rimados: del plomo de la realidad vivida, de las horas de cinc, de las visiones de azufre de la vigilia, del lapislázuli del sueño. Se subliman en oro converso, en gotas contables, en uno, dos o cuatro versos significantes de lo insignificante, de las cosas pequeñas que son, que nos pasan. Se transmutan en materia poética: en conjunción, las palabras y los días... Invierno, 2005.
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lunes, diciembre 24, 2007
VENRAY BLUES
Dedicated to Carola from Venray, Holland [Nederland, Netherlands, Países Bajos].
"...de una cosa estoy convencido: que la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable." Stig Dagerman, del cuento breve escrito por este sueco libertario de casi, casi el mismo título que la cita.
"Es increíble las pocas ganas que tiene uno de fingir en ciertos momentos." Michelangelo Antonioni, La notte. [Del guión del mismo filme. Diálogo entre el moribundo y su mejor amigo.]
De ser colonizados algunos pechos por esos malditos peces de arpones y acículas y rotos cristales y astillas como redes de arrastre, escribirían
con sus corvos dientes a tientas en las paredes del corazón, pero más allá de las depresiones en los cráteres de los ojos, en conjuntos vacíos y en áridas bellezas que en pie aún resisten. Pero más adentro como pétalos desprendidos fuera del acuario adonde van cayendo de rodillas como lágrimas hasta el fin de estos espasmos y relieves casi sarmientos de sanguina en el rostro revelado,
escribirían por ejemplo cuánto hambre se les amontona, cuánto aman y no hay qué amar, cuánto les desprecian [y tanto, ¿por qué?], cuánto manchan los falsos y quema el frío en la desgana, cuánto desgarran la piel [en verdad, no tan dura] las fauces de la soledad que les despedazan los días infames, cuánto duele durante años dentro de la bota una piedrecita, o cuánto más escandalosamente agonizarían acaso en el suelo a pinceladas gruesas de tiempo y asfixia o de malísima suerte,
pero, es verdad, a veces, los hermosos vencidos, como campanas que repican rellenas de licor y sentido, sin qué decir doblan como latidos aprisa, aprisa en el oído del conmovido poeta
cuando la sangre despierta de noche en el beso a la durmiente que camina entre los vivos y los muertos
cuando la soledad de unos se restriega contra la soledad de otros: tan cerca y solamente respirando
cuando la caricia de mirarse es hasta un tanto tristísima en el aire, pero es también la insaciable necesidad de consuelo
cuando los versos que escribo acuden como el testimonio de aquellas horas, pero ciertas en la palpitación, luego mansa como lo es la lluvia de Venray aquellos días despeñándose del cóncavo laberinto por la úlcera parloteante de los tejadillos, por la pringosa neuropatía de los tiovivos sin lucecitas en el destejer y demarrarse o al derecho o al revés confusamente y escurriéndose el hilo nudoso de sus vástagos espectrales en círculos vidriosos
cuando la verdad es aún evanescente, pese a ser memoria sin querer en estas manos, o peregrina aún por un sendero de pólvora de hormigas por la discontinua línea del corazón hasta el límite de las apariencias y las palabras
como un manantial de signos para nada que nunca nadie descifraría en el olvido, porque sólo aquellas hormigas saben de la clave y de los fragmentos que abandonan de repente en el naufragio
...en estas manos, todos los restos
como una isla que espera siempre un poco de todo, un poco de nada, pero siempre desierta sin viernes, sin vosotros...
Enlázalo, si quieres... Escrito por Daniel Espín @ A las 19:12horas... Versos Cotidianos. Diario Poético De Un Caminante.
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